Anhelo por la otredad.

Como todo movimiento del hombre, el amor es un «ir al encuentro». En la espera todo nuestro ser se inclina hacia adelante. Es un anhelar, un tenderse hacia algo que aún no está presente y que es una posibilidad que puede no producirse: la aparición de la mujer. La espera nos tiene en vilo, es decir, suspendidos, fuera de nosotros. (…) Ahora, a medida que crecen la impaciencia y el anhelar, el paisaje se aleja, el muro y las cosas de enfrente se retiran y repliegan sobre sí mismas, el reloj marcha más despacio. Todo se ha puesto a vivir una vida aparte, impenetrable. El mundo se hace ajeno. Ya estamos solos. La espera misma se vuelve desesperación, porque la esperanza de la presencia se ha trocado en certidumbre de soledad. No vendrá. No habrá nadie. No hay nadie. Yo mismo no soy nadie.
–Octavio Paz, “Los hijos del limo”.
La literatura erótica no es lo mismo que la pornografía, donde las imágenes y las palabras son clarísimas. Sin embargo, sabes qué estas en presencia de algo erótico, no sólo cuando te provoca una erección o una dilatación, sino cuando te provoca ansiedad y extrañamiento por el ser humano. La otredad, el saberse en otro, el reflejarse en otro o cuando el individuo depende del otro. El erotismo, o el deseo por amor y vida, es cuando estas envuelto en otredad. Así que eso puede decirse del amor, finalmente, cuando estamos o nos vemos en el otro. La ansiedad, la tristeza, la espera de encontrarlo es lo que podríamos llamar soledad.
El valor de un texto erótico, es el que te hace reflexionar y desarrollar tu contexto, tu valor en el mundo, el valor que tienes para tu pareja y tus amigos. Provoca sudor, provoca que aprietes los dientes, provoca que encuentres al primer ser humano para practicar el amor y el emparejamiento. Lo mismo puede decirse de una pintura o una música. En un momento es un cambio de perspectiva y el coraje ajeno para entrar a la vida de otros. Digamos que es un rush contemplativo de tus hormonas para darle bien y bonito tan pronto como puedas.
Por eso, es importante que si encuentras esta especie de frases, de manuales para armarse de valor y hormonas, los guardes en algún lugar. La rutina puede ser terrible y nos hace olvidar la otredad. No es difícil regresarse a un estado donde sólo cuenta uno, el individuo, y ni siquiera por ello nos sentimos apasionados, sino que actuamos por mero reflejo. El deseo, la otredad, el amor, el erotismo, es vivir apasionado, hacer cositas por el mero gusto de hacerlas… y hacerlas bien.
La Casa De La Presencia/ the House of Presence: Poesia E Historia (Obras Completas)